Mostrando entradas con la etiqueta Natalia Lafourcade. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Natalia Lafourcade. Mostrar todas las entradas

sábado, agosto 17, 2019

XXV. Nunca es suficiente para mí


Día veinticinco: sábado 17 de agosto


Es sábado por la noche y estoy estimulado por el humo que no fumo. Vengo escuchando a Natalia Lafourcade desde hace unas horas. Anoche Kristhel me hizo prestar atención a algunas de sus canciones. Quizá como queriendo dedicármelas, pero sin decirlo explícitamente.


Lafourcade cantando a través del humo

Nunca es suficiente me ha parecido bastante honda. Me conmueve. Creo que me gusta muchísimo la facilidad con que expresa el desamor en uno de sus puntos más dolorosamente agudos: el momento exacto de la comprensión atroz (tú eliges si será breve o extensa) de que todo se acabó.

Solo quien ha terminado una relación amorosa importante, de esas que cambian y enrumban la vida, de esas que marcan y que con el recuerdo fresco todavía provocan calambres en el alma, solo ellos, solo ellas, los sobrevivientes del desamor, saben lo difícil e insoportable que puede llegar a ser ese momento exacto.

Esta canción, lenta y llorosa pero bella, habla de ello. Del momento en que el amante, ese sujeto al que nos hemos entregado, se va. Quizá no físicamente (porque podrían pasar todavía unos meses, unos años hasta verbalizarlo o decidirlo), pero sí del ‘nosotros’: cuando entiendes que, como canta Natalia, ese que amabas se perderá en los recuerdos por haberte hecho llorar.

De toda la canción, esta parte me conmueve mucho:
"Mi corazón estalla por tu amor y ¿tú qué crees?, ¿que esto es muy normal? Acostumbrado estás tanto al amor que no lo ves, yo nunca he estado así: si de casualidad me ves llorando un poco es porque yo te quiero a ti."
Creo que me he sentido en ambas posiciones: como el que canta esas letras y como al que se las cantan. Es el reclamo legítimo, entre esos dos que ya no son uno, de quien ha sido menos amado. Tan acostumbrado has estado a que te ame de esa manera que no has sido capaz de comprender la verdadera dimensión de lo que significa mi amor: esa es la exigencia. No es poca cosa, pues avizora la grieta insalvable que ahora los separa.

Hay varias versiones. La del Spotify Session me gusta por lo íntimo que resulta. La versión oficial me gusta por su videoclip. Comienza con una cama que gira mientras va mostrando varias parejas en sus diferentes desencuentros: el aburrimiento, lo que agota, ese final que se aproxima. Llama la atención lo que aquí se propone con los personajes: cómo se transita con tanta facilidad de esa proximidad amorosa al contacto agresivo, de los abrazos a los golpes. Acaso porque ambas situaciones son formas del contacto corporal, acaso porque ambos gestos –los golpes, los abrazos– son los símbolos de lo más irracional que tiene el amar: la pasión, la desesperación.



Nunca es suficiente para mí es, por tanto, un himno a esa declaración que, un poco escondida, contiene la canción: “yo quisiera hacerte más feliz”. Pero claramente no puedo. Así que solo queda aceptar el fin. Cantar la pena, musicalizarse el dolor y seguir. Seguir.


martes, febrero 19, 2019

X. Cigarrillos después del sexo



DÍA DIEZ: domingo 17 de febrero


Cigarettes after sex fue una de las bandas que descubrí cuando estaba quebrado. En ese tiempo –uno de lamentos, monólogos y ciertas vergüenzas–, creé un playlist de YouTube llamado Extrañas & Potentes. Allí almacenaba diariamente las canciones que me sonorizaban mejor la depresión. Descubrí Always, Teen Suicide, Mazzy Star, Hibou, varios más… todos dispuestos a organizarme la tristeza. Entre estas elecciones, hallé a Greg González y su grupo. Felizmente perduraron a esta etapa.

¿Qué es lo que me gusta de ellos? El sonido melancólico que transmiten sus canciones. La voz andrógina de Greg –la primera vez que los oí pensé que cantaba una mujer– se mezcla bien con esa atmósfera sencilla que generan la guitarra y el sintetizador (a los que eventualmente se suman el teclado y la batería). Como si cantaran con una máquina de hacer humo al lado (esas que usamos en las obras de teatro, pero también en las discotecas) y la música solo fungiera de acompañante secundaria, porque lo principal –lo importante– es el recuerdo invocado. No es la música lo que activa el recuerdo, parece decirnos Cigarettes after sex: nuestras canciones solo complementan lo que tú ya estabas rememorando.




El nombre, por supuesto, es atractivo. Referencia una escena más o menos cliché, pero auténtica: el pitillo de tabaco que los amantes se fuman luego de entregarse los cuerpos y los deseos. ¿Para qué se fuma luego de tirar?, ¿por qué consumimos cigarrillos después del sexo? ¿Porque se trata de un momento celebratorio y de desconexión?, ¿es un modo de terminar de sellar el pacto carnal?, ¿fumamos como una forma de –aunque suene ilógico– descansar?, ¿o quizá es para aliviar la frustración, la ansiedad, esa honda soledad que a veces sobreviene luego del orgasmo? En distintos momentos, con distintas personas, siendo yo sujetos distintos, he fumado por todas estas razones.

Tienen varias canciones de letras y tonadas sencillas. El productor Bob Boilen, en la descripción del video que la banda hizo para los tiny concert de NPR Music (una de las mejores secciones que puedes hallar en YouTube: mira/escucha los de Lafourcade, Drexler, The Cramberries o Juanes & Mon Laferte, me gustan mucho); Bob Boilen, decía, califica las canciones de Cigarettes after sex como minimalistas. Creo que es una retrato acertado. Ese lugar onírico que sus canciones movilizan es uno alejado de pretensiones pomposas, estridentes o crípticas. Por el contrario, hablan de situaciones valiosamente comunes. Repasemos con celeridad solo el contenido –sorry, pero es para lo que me alcanza el saber esta noche– de las tres canciones que este pequeño concierto presenta:




K –la canción inicial y mi favorita de la banda, por obvias razones– relata los inicios (y al parecer el final) de un amor. Desde las primeras dudas («we had made love earlier that day, with no strings attached, but I could tell that something had changed»), hasta cierta ausencia que duele («I've been waiting for you to slip back in bed, when you light the candle»), pasando por momentos claves como estas preciosas (y precisas) frases: «how you looked at me then» y «thin I like you best when you're just with me and no one else».

En Nothing’s gonna hurt you, baby alguien declara protección y cuidados siempre y cuando permanezcan juntos. Hay bailes y brindis modestos en su sala, una cotidianidad retratada en melodías favoritas, lentes de sol, risas que prometen algo. Una canción para cantársela a alguien luego de hacerle el amor.

Apocalypse, la última canción de este lista, es una exigencia de promesas: «Come out and haunt me», le pide. El apocalipsis, ese final catastrófico que evangelizó el cristianismo, aquí resulta una oportunidad para reiniciar. El amar. Porque, «got the music in you, baby»; porque «when you're all alone, I will reach for you»; porque «your lips, my lips: Apocalypse. Go and sneak us through the rivers».





Tres oportunidades para acercarse a esta banda melancólica y colgarse un poco en los recuerdos.