viernes, febrero 22, 2019

XIII. Formas de generarse dolor


DÍA TRECE: miércoles 20 de febrero


Hace algún tiempo, cuando era Sudestes –que fue mucho tiempo después de ser Hombre extraño–, escribí estas líneas. Creo que intentaba recopilar las maneras en que muchos sobrellevamos o reprimimos (elije tú el verbo) nuestros dolores, las angustias, ciertos vacíos. Creo que este es un buen lugar para recordarlo. No porque ahora suceda así, sino para tenerlo cerca, presente, como se tiene un "por si acaso" tal vez.


Guayasamín, siempre oportuno, y sus rostros sobre el dolor.

Formas de generarse dolor 
Los que se hincan un poco: en las muñecas, bajo los muslos, en zonas que no suelen verse; las que se cortan el pelo en un arranque de furiosa violencia; quienes devuelven la comida, casi puntualmente, entre treinta y cuarenta minutos después. 
Los que buscamos drogas cada cierto tiempo para olvidar, los que fumábamos en cada segundo de incertidumbre y nerviosismo; el regresar a contemplar las fotografías, los videos, los ritos vividos; quienes se engañan dando una nueva oportunidad. 
Las que se rascan la piel hasta sangrársela; aquellas personas que siguen y siguen y siguen llorando en silencio; el sentirse lástima o autocomplacencia o presuntuosidad; el no compartir las penas (o alegrías) con nadie; el dudar siempre. 
Esos sujetos que te prometen algo que no cumplirán; esos otros que lo aceptan sabiendo que no lo harás; quienes no olvidan, quienes olvidan rápidamente, quienes te hacen creer que olvidaron; más pastillas, más drogas, más alcohol, más cuerpos, más libros, más velocidad, más peligro. 
La que grita desesperadamente y estrella cosas contra la pared; el que consume más pastillas de las necesarias; la negación del pasado, el desinterés por el futuro; el creerles mucho a tus miedos; el creer que solo (¡solo!) existen tus miedos. 
Aquel que se pierde en cuerpos extraños, ajenos; aquella que se va casi siempre para no afrontar lo que hay aquí; el que se entrega a lo vicios sin más; los que no quieren ceder; aquellos que necesitan creer demasiado; quienes a todo dicen sí. 
Tus ganas por siempre regresar a los lugares donde fuiste feliz; tus ganas por nunca regresar a los lugares donde fuiste feliz; creer que nadie lo/te verá. El hacer recuentos como este —desvergonzados e ingenuos— de los dolores propios y ajenos.

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